P.D.: Mi último día en Bélgica simbolizó toda mi estancia allí. No me dí cuenta hasta un tiempo después, pero estas 42 horas que estuve despierto (aunque de manera intermitente, pues en el tren y el avión eché una cabezadita) fueron tan apasionantes como el resto de días, pero condensado, y vivido al máximo. Vivido.
sábado, 30 de junio de 2007
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