lunes, 6 de octubre de 2008

Cuaderno de Viaje: Escocia 24 Septiembre 2008

Día 2.

A eso de las 11:30, estábamos saliendo de Glasgow. Media hora más tarde ya estábamos llegando a un pueblo que creo recordar que se llamaba Port Glasgow, donde hicimos una primera parada, una parada que resultó encantadora, pues tras las casas, callejeando, había un camino rodeado de un césped fascinante, ese césped sobre el que andas y se hunde varios centímetros bajo los pies, una alfombra brillante y fresca, sobre la que es difícil no tirarse. Era delicioso estar allí tendido. No sé, es como recuperar algunas sensaciones de cuando eres pequeño, cuando acabas de descubrir por primera vez el placer de caminar sobre la hierba fresca, tirarte sobre ella. Y es que afloró en nosotros el niño que llevamos dentro, así que, cuando al poco rato vimos unos columpios, nos fuimos hacia ellos.

Vale, sí, parece la portada de un disco de Brit-Pop o algo así, pero no, no somos ni Oasis ni Crowded House ni similar (aunque ya quisiéramos...)

Ya a las 12:30 llegamos a Gourock, un pueblo pesquero a las faldas de una colina, de modo que quedaba a un lado el agua, el mar, y al otro lado la colina, vestida de árboles verdes entre los cuales asomaban las casas. Adentrándonos en el pueblo llegamos al puerto donde cogeríamos el ferry. ¡Ains,
23 libras por el coche y nosotros cuatro!... me da la impresión que el dinero así nos va a durar más bien poco. Pero bueno, ya andamos en dirección hacia Dunoon, atravesando el Firth of Clyde, una gran cantidad de agua, cuyo horizonte queda pintado de montañas y pueblos de pescadores. Una gran cantidad de agua que no sabría decir si es mar, río o lago, pero sí podría decir lo precioso que es, lo bonito de colocarse en la cubierta del barco, con el viento de cara, observando la rompiente en el casco del barco y allá, a lo lejos, nuestro destino. Y aunque me he traído bañador, por si acaso me da por bañarme en algún lago, pues creo que no, que no es el momento de llegar a nado al otro lado, Hace algo de frío. Maybe Tomorrow.


A las 13:00 llegamos a aquel pueblo que se veía en el horizonte llamado Dunoon. Subimos por un parquecito y estrechas escalinatas, donde se puede ver el Firth of Clyde, junto a una casa-castillo y una pequeña iglesia, sobre cuyo camposanto paramos impresionados, ante un paisaje que posteriormente vimos resulta muy típico, y allí respiramos. Buscamos por el pueblo un bar donde tomar algo caliente. Buscamos algo lugareño y acogedor, donde resguardarnos del frío. Encontramos un sitio familiar (y no muy caro) donde nos tomamos un té con un bollito dulce hecho con frutas... mmm ¡qué rico! Me sentó genial (a pesar de que nos hemos tomado el té a las 14:00, sin comer ni nada aún, jeje).


Continuamos nuestro camino a Inveraray, por una carretera separada a nuestra izquierda tan sólo unos dos metros de un lago precioso, llamado Loch Eck, junto al cual nos paramos un ratillo. Es difícil pasar por aquí sin pararse, al menos, un breve instante de tiempo a respirar el agua, oir el fresco de la hierba, tocar el verde de los paisajes, y oler el brillo de los tímidos rayos de sol que acarician el agua del lago. Para almorzar encontramos un lugar genial, ya en Inveraray, donde había un castillo bastante bien conservado (cuyas 6.5 libras de entrada nos convencieron para no verlo por dentro) y unos jardines pintados, como todo por aquí, de un verde intenso, y salpicado, como en este caso, por algunos puentes de piedra. Junto a uno de ellos nos sentamos a comer.


Pero uno de los mejores lugares por los que hemos estado a lo largo de nuestro viaje fue la Bruce Chapel en Kirk Conna. Es una pequeña iglesia muy escondida entre los árboles, situada junto a la carretera y al lago, un poco después de salir de Inveraray y unos 32 km antes de llegar a Oban. Aun estando buscándola, se puede decir que la encontramos casi de casualidad, así que paramos el coche como pudimos y nos bajamos. Impresionante, la verdad. No sé qué decir porque era asombrosa, y aun no habíamos descubierto lo mejor.

En la iglesia entramos por la puerta pequeña, accediendo a un claustro con un patio, todo de madera y tallado, con motivos celtas, entre otros que no pude identificar bien, pero que posteriormente encontré incluso elementos de la época clásica. Esto me abrió los ojos ante un lugar especial, un lugar que sé que encierra misterios, pero que no alcanzo a descubrirlos. Un lugar lleno de elementos que para quien sepa leerlos contarán leyendas y secretos, no en vano, en ella se encuentran algunos restos del rey Robert Bruce, uno de los primeros reyes de escocia y un héroe en la guerra de independencia contra Inglaterra, allá por el siglo XIV (contemporáneo y compañero de lucha de William Wallace).

Y aun no habíamos descubierto lo mejor, pues tras una pequeña puerta trasera se accedía a una terraza con vistas al lago. Los cuatro estábamos emocionados, como cuatro aventureros que descubren un templo de una antigua civilización, escondido en la maleza, como quien descubre un tesoro. La puerta parece vigilada por muchas miradas de grifos (u otro ser mitológico), cuyos picos apuntan a la entrada, formando el arco de la puerta, y custodiada por dos cornucopias (cuerno de la abundancia) en los laterales. En medio de la terraza, había un reloj de sol dedicado a la memoria de Carolina Agnes Campbell, con una inscripción que decía: “The day dawns and the shadows flee away” (Song of Salomón 4:6), y rodeando el reloj, a modo de balcón, habían siete almenas, en cada una de la cual había una palabra: “Thy Sun Shall do More Go Down”.


La iglesia estaba llena de misterios, a veces difíciles de identificar, pero otras veces más cercanos, con inscripciones como:

“Oye Sun and Moon, Bless ye the Lord: Praise Him, and Magnify Him for Ever.” “Oye Light and Darkness, Bless ye the Lord: Praise Him, and Magnify Him for Ever.” “Oye Lightnings and Clouds, Bless ye the Lord: Praise Him, and Magnify Him for Ever.”
“O let the Earth, Bless ye the Lord: […]”
“Oye Montains and Hills, Bless ye the Lord: Praise Him, and Magnify Him for Ever.”


Esta noche tenemos pensado dormir en Oban, una ciudad más grande que los pequeños pueblos que vamos viendo en nuestro camino, perdidos entre árboles o descansando junto a un lago. Oban es mayor, también pesquera, con un paseo marítimo, y, según hemos leído, más movimiento una vez llega la noche. Tenemos que ir buscando ya un lugar donde dormir, y como vamos un poco a la aventura, sin un lugar reservado ni planificado, nos dedicamos a caminar y callejear buscando un Bed&Breakfast. Tras muchos “NO VACANCIES” encontramos uno¡con máquina de té y café en las habitaciones! (no tardamos nada en echarnos un té, jeje). Es un lugar típico, muy acogedor y familiar, con una dueña encantadora, pero lo mejor de todo es que lo echamos a suerte y me tocó la cama grande para mí solo, juas juas juas.

Pues ya tenemos donde dormir, pero el objetivo principal es comer algo, que ¡me mueeero de hambre! Así, tras comer un “roast beef” magnífico que me ha sentado estupendamente, vamos al Oban Inn. Es gracioso que al pedir la cuenta ha sonado: "Can you give me the kill?" en lugar de "the bill"... cuánto daño nos ha hecho Tarantino [Javi].
Pero no es la única anecdota con el lenguaje, estando ya en el pab este, el Oban Inn, un pub popular y típico, situado en una esquina, donde tomarmos unas pintas que por cierto me cuesta un mundo pedir, pues el inglés con acento escocés es dificilísimo de entender (esto no lo entiende ni el tato). Entonces pasa una chica y Ernesto pregunta: "¡Excuse me!" y responde ella: "Dime". ¡Española! Jajaja, vaya carita que hemos puesto. Es como esta tarde junto al castillo de Inveraray, cuando un tío le dijo a Javi: "¡Hola!" y éste responde: "¡Hello!" Ains, vaya lío de lenguas.

Finalizamos el día de locos, de noche, en la oscuridad del coliseo, un edificio llamado McTaig Tower, en lo alto de una colina, con forma de coliseo. Chulísimo. Bueno, hablo de noche como si fuera a media madrugada, aunque eran las 22:40, jajaja.



La ruta de hoy (110 millas):

a) Glasgow

b) Port Glasgow

c) Gourock

d) Dunoon

e) Inveraray

f) Kirk Conna

g) Oban