martes, 14 de octubre de 2008

Cuaderno de Viaje: Escocia 27 Septiembre 2008 (2)

Día 5. (Parte 2)

Como ya comenté, habíamos comprado la "Explorer pass", así que por allí por donde pasábamos mirábamos en la guía que nos dieron, por si teníamos algun lugar a visitar. Tal era el caso del "Elcho Castle", un viejo castillo perdido en la campiña escocesa, a orillas del río, bien escondido, pues nos costó trabajo llegar a él, metiéndonos por estrechos caminos, entre casas de campo, fincas y tractores, entre recovecos que ocultaban el camino, pero que no consiguieron ocultar el castillo, que acabamos encontrando.

Era un bonito castillo, pequeño, en un lugar muy apacible, al que hay que visitar con tiempo, y tirarse en el césped, y respirar, y subir por sus estrechas escaleras de caracol hasta lo más alto, entre las almenas, y mirar desde allí al horizonte. Hicimos un poco los críos antes de entrar al castillo, pues vimos una ligera pendiente cubierta de la alfombra verde y no pudimos resistirnos a hacer unas volteretas, jeje. Es todo un gustazo.










Tiempo ha que no hacía volteretas, jeje (pinchad sobre la imagen para ampliar).

Pero para castillos... el de Stirling (a falta de ver el de Edimburgo). Los ya vistos eran increíbles, pequeños o más grandes, junto a un río o en medio de un lago, mejor o peor conservados, pero el de Stirling... éste es especial. Cuentan que desde que se construyó, quien quisiera dominar el país, debía controlar este castillo, y así ha sido como se ha forjado la historia de esta fortaleza. Me encanta pasear por sus almenas, subir a todos los torreones que pueda, deleitarme en los salones y bajar a los aposentos subterráneos. Saber que todo esto está lleno de historias.

Ojalá pudiera identificar el significado de cada uno de los "elementos
ornamentales", de tantos detalles que seguro tienen tanta simbología...


Es increíble y magnífico. Pero increíble y magnífico es un taller dentro del castillo, donde dos hilanderas están tejiendo un enorme tapíz. Es una copia de un tapíz antiguo cargado de simbología (uno de estos días tal vez le dedique una entrada por aquí), titulado "La caza del unicornio". Es impresionante ver algo tan grandioso y hermoso, pero lo es más verlo en su periodo de creación (me encanta esta palabra).

Primer tapiz de la serie de 7 tapices "La caza del unicornio".

Me encanta esta foto desde la entrada al castillo de Stirling, donde se ve el colorido puente que une el destino de dos héroes escoceses. A un lado, el monumento a Robert Bruce, y al otro, allá a lo lejos, el monumento a William Wallace. Dos héroes cuyo destino se repartieron, el primero para ser un héroe histórico, y el segundo llegó a convertirse en héroe de leyenda.


Salimos del castillo a las 17:30 y paramos a comer en Baker Street, donde conocimos a unos escoceses y unos chicos londinenses con los que charlamos en la comida, pero ¡aaarg! ¡son las 18:30! ¡Tenemos que estar en el aeropuerto de Edimburgo en una hora! Ahora sí que vamos a tener que correr.


Bueno, al fín llegamos y nos dieron una hora más de prórroga, para así poder llenar el depósito y entregar así nuestro Citróen Picasso azul con unas 830 millas recorridas en estos cuatro días. Ahora sí podemos decir que nuestro recorrido por las highlands escocesas ha finalizado. Pero no nuestro viaje. Aun nos queda la vida en Edimburgo (en inglés Edinburgh, pero con una pronunciación escocesa que vaya telita: 'Idbrg').

Ahora, como es costumbre cada noche, hay que buscar alojamiento. Estamos en el aeropuerto, buscando en internet, folletos, e incluso preguntando a una conocida compañía que no me gustó nada, así que ni siquiera diré el nombre. Al final me pasé a preguntar a un punto de información turística. Estaba bastante bien y me atendieron genial, e incluso ellos se encargaban de localizarnos alojamiento (según nuestros requerimientos) por 3 libras. La verdad es que estaba bastante bien, así que pillamos el autobús 101 que por 3 libras nos lleva al centro de la ciudad, y anduvimos hasta nuestro alojamiento, que se encontraba nada más y nada menos que en Grassmarket, junto a Victoria Street, zona de bastante movida, y a sólo 5 minutos de la Royal Mile. Era un buen albergue llamado Budget Backpackers, que nos salió a 16 libras la noche. Era genial porque nos dieron una habitación de cuatro, para nosotros cuatro únicamente, aunque el baño, como en estos casos, suele ser compartido.


Si vais a este o a alguno similar, os comento algunas cosas. En nuestro caso, si queríamos desayuno debíamos de pagar 2 libras más cada uno, pero es un precio razonable. También hay que saber que a veces cobran un dinero por el alquiler de la tarjeta-llave (unas 2,5 libras) y si pagas con tarjeta a veces también te cobran un pequeño recargo, unos 50 peniques. No es mucho, y es preferible pagar con tarjeta en lugar de tener dinero, ya que aquí no se puede pagar en euros, y cambiar euros a libras y luego viceversa puede no salir demasiado rentable, con lo que lo mejor suele ser pagar con tarjeta, siempre que se pueda (aunque es importante llevar dinero suelto para algunos gastos y pequeños establecimientos).

Este era nuestro hostal, que sale (bueno, de refilón) en el capítulo de
Planeta Finito dedicado a Edimburgo (con Joaquín Reyes como guía).


Y ya que hemos soltado las cosas y nos hemos duchado y, lo que es más importante, comido, es tiempo de vivir la vida de Edimburgo, y comenzaremos a hacerlo de noche. Allá vamos.

1 comentarios:

Antoniojezu dijo...

Desde que vi la primera foto me dio el tufillo a Brave Heart. Y no me equivocaba...