Se nos agota el tiempo aquí pero no nos vamos a ir sin pasar por un lugar muy peculiar. Las diez de la mañana es un buen momento para desayunar, al menos para nosotros lo es, y un buen lugar es el peculiar The Elephant House, the birthplace of Harry Potter. Vale, no soy un niño loco por el joven aprendiz de mago, pero la verdad es que es un sitio acogedor con recortes de prensa, fotos y poemas en las paredes. Un local donde muchos escritores van a tomar té con inspiración.

Además, había una silla especial, una silla con forma de elefante. En ella se sentó un personaje que apareció posteriormente, un personaje igualita a Renton (de Trainspotting), que al levantarse hacía gestos extraños, como queriéndose llevar el elefante-silla, o como despidiéndose de él. Tal vez es un lugar muy representativo, un asiento especial o al que siente especial cariño, o tal vez un loco amigo de su mágico universo.

Con la Royal Mile como ruta hacia el otro extremo, de nuevo me llama la atención unos extraños ladrillos dorados que no siguen la geometría de el New Parlamente Square, la plaza donde se encuentra la Catedral de St. Giles en la que, bueno, ya que estamos por aquí, acabamos entrando. Me hizo gracia que ¡sólo se pueden hacer fotos pagando 2 libras!
Volvemos a la Royal Mile, que por cierto, se divide en 4 partes: High Street, CanonGate y otras dos que no recuerdo, y encontramos varios puestecitos con algún español tras él, y me levo un rato charlando con un sudamericano que tiene una tienda de artesanía; y al rato encontramos a un colega español que conocimos en el hostal. La verdad es que hay muchos españoles por aquí y nos reconocemos bastante bien, y es genial poder hablar con la gente por aquí, bien sean lugareños, bien emigrantes, o bien viajeros, como nosotros.

Por esta arteria como es la Royal Mile hay otro de esos lugares que tienen muy buena pinta y muy buenas pintas, el pub llamado The World's End, pero no tenemos tiempo para visitarlo todo y lo dejamos pendiente para otro viaje, como ocurrió con el The Deacon Brodies, también en la Royal Mile, también de esquina, también con pinta de tener buenas pintas. Además, se cuenta de éste último que solía ser frecuentado por un personaje que inspiró la conocida obra Dr. Jeckill y Mr. Hide.
Poco antes de llegar al final de la calle encontré algunos agradables lugares como un pequeño museo, frente a una iglesia con una estatua de un niño caminante, o un lugar que me llamó mucho la atención: una tiendecita de discos de segunda mano donde podía encontrar algunas gangas por 1 libra, joyas por 4 libras y verdaderos tesoros por 12 libras. Busqué y busqué y me llevé un buen rato allí, para desesperación de mis colegas, pero, illo, el vinilo es el vinilo y un clásico en un disco de vinilo, girando suavemente sobre un viejo tocadiscos suena de una manera muy especial. Me acordé de algunas personas, entre ellas Javi, no el que viajaba conmigo, sino otro amigo, uno de mis mejores amigos, desde que de críos escuchábamos Queen, Guns'n Roses, Led Zeppelin y otros discos de su hermano heavy. Es por ello que quise comprar algún disco antiguo de Queen, pero aunque no costara demasiado, ando muy mal de pasta, así que dejo la decisión para mi yo futuro. Si vuelvo a pasar por aquí entonces veré si me llevo alguno o no, aunque creo que dependerá de las libras que me queden. Será mi cartera y mi yo futuro quienes decidan por mí.

Al fin, al fin de la calle encontramos el Palace of Holyroodhouse y Holyrood Park que ya mencioné previamente, engalonado con las banderas de león sobre fondo amarillo del emblema real. Cerca se encuentra el nuevo y moderno edificio del parlamento, diseñado por un español y no excento de polémica, tanto por el proyecto en sí como por el resultado. Y desde ahí se divisa el acceso al Arthur's Seat, una colina de leyenda desde donde se divisa toda la ciudad y alrededores, el castillo, la Royal Mile, el Calton Hill, el Firth of Forth (al fin ya sé que "firth" singifica "fiordo") y la inmensidad de tan precioso paisaje.


Estas fotos (al acecho) están graciosas, como si de un documental de La 2 se tratara.
Además, había una silla especial, una silla con forma de elefante. En ella se sentó un personaje que apareció posteriormente, un personaje igualita a Renton (de Trainspotting), que al levantarse hacía gestos extraños, como queriéndose llevar el elefante-silla, o como despidiéndose de él. Tal vez es un lugar muy representativo, un asiento especial o al que siente especial cariño, o tal vez un loco amigo de su mágico universo.
Con la Royal Mile como ruta hacia el otro extremo, de nuevo me llama la atención unos extraños ladrillos dorados que no siguen la geometría de el New Parlamente Square, la plaza donde se encuentra la Catedral de St. Giles en la que, bueno, ya que estamos por aquí, acabamos entrando. Me hizo gracia que ¡sólo se pueden hacer fotos pagando 2 libras!
Volvemos a la Royal Mile, que por cierto, se divide en 4 partes: High Street, CanonGate y otras dos que no recuerdo, y encontramos varios puestecitos con algún español tras él, y me levo un rato charlando con un sudamericano que tiene una tienda de artesanía; y al rato encontramos a un colega español que conocimos en el hostal. La verdad es que hay muchos españoles por aquí y nos reconocemos bastante bien, y es genial poder hablar con la gente por aquí, bien sean lugareños, bien emigrantes, o bien viajeros, como nosotros.
Por esta arteria como es la Royal Mile hay otro de esos lugares que tienen muy buena pinta y muy buenas pintas, el pub llamado The World's End, pero no tenemos tiempo para visitarlo todo y lo dejamos pendiente para otro viaje, como ocurrió con el The Deacon Brodies, también en la Royal Mile, también de esquina, también con pinta de tener buenas pintas. Además, se cuenta de éste último que solía ser frecuentado por un personaje que inspiró la conocida obra Dr. Jeckill y Mr. Hide.
Poco antes de llegar al final de la calle encontré algunos agradables lugares como un pequeño museo, frente a una iglesia con una estatua de un niño caminante, o un lugar que me llamó mucho la atención: una tiendecita de discos de segunda mano donde podía encontrar algunas gangas por 1 libra, joyas por 4 libras y verdaderos tesoros por 12 libras. Busqué y busqué y me llevé un buen rato allí, para desesperación de mis colegas, pero, illo, el vinilo es el vinilo y un clásico en un disco de vinilo, girando suavemente sobre un viejo tocadiscos suena de una manera muy especial. Me acordé de algunas personas, entre ellas Javi, no el que viajaba conmigo, sino otro amigo, uno de mis mejores amigos, desde que de críos escuchábamos Queen, Guns'n Roses, Led Zeppelin y otros discos de su hermano heavy. Es por ello que quise comprar algún disco antiguo de Queen, pero aunque no costara demasiado, ando muy mal de pasta, así que dejo la decisión para mi yo futuro. Si vuelvo a pasar por aquí entonces veré si me llevo alguno o no, aunque creo que dependerá de las libras que me queden. Será mi cartera y mi yo futuro quienes decidan por mí.Al fin, al fin de la calle encontramos el Palace of Holyroodhouse y Holyrood Park que ya mencioné previamente, engalonado con las banderas de león sobre fondo amarillo del emblema real. Cerca se encuentra el nuevo y moderno edificio del parlamento, diseñado por un español y no excento de polémica, tanto por el proyecto en sí como por el resultado. Y desde ahí se divisa el acceso al Arthur's Seat, una colina de leyenda desde donde se divisa toda la ciudad y alrededores, el castillo, la Royal Mile, el Calton Hill, el Firth of Forth (al fin ya sé que "firth" singifica "fiordo") y la inmensidad de tan precioso paisaje.
Estas fotos (al acecho) están graciosas, como si de un documental de La 2 se tratara.


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