miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cuaderno de viaje: Egipto 20/12/2008

Día 2. Convoy hacia Abu Simbel.

-¡Riiing, riiing! -¡Su pxtx ma...! ¡Las 2 y media! Pos nada, mochilita en mano (en mi caso el "raponchi") y ahí nos ves a todos con la almohada bajo el brazo. ¡y vaya si dormí! que así, arrellanado en dos sillones, en el bus, almohada a la espalda, se estaba del carajo, aunque había que estirar de vez en cuando. Por cierto, no sé si os acordáis de los atentados del 97 a un grupo de turistas (y la verdad es que no lo recuerdo muy bien). Pues desde entonces el gobierno obliga a realizar las travesías largas por el desierto en un convoy. Así pues, hemos de ir primero al punto de encuentro, y desde allí, 4 horas por el desierto hasta Abu Simbel.

Nos pilla de camino el amanecer, así que hago una parada para verlo. Una parada en mi sueño (iba frito) para ver uno de los soles más rojos de mi vida, sobre el ocre suave y agrietado del desierto. Es precioso. He visto incontables amaneceres, y este no es ni mejor ni peor, es sencillamente, precioso.

Y ahora un poco de historia: Egipto tuvo distintos enemigos a lo largo de su historia, de entre los que destacaron los hititas, procedentes de Asia, y al sur, los Nubios, que controlaban las tierras que el Nilo baña al sur de Egipto (el Alto Nilo), de modo que los egipcios "se vieron obligados" a plantarles batalla. Pasaron además otros pueblos con intenciones poco sanas (para los egipcios, claro), como los hicsos, que les dieron caña con sus carros de batalla, aunque fueron luego pagados con su misma moneda. Y luego llegaron los griegos con Alejandro Magno, que casándose con egipcias de la realeza (portadoras de la sangre real) coparon el poder hasta Cleopatra VII, nuestra Cleopatra (y la de César y Marco Antonio), a la que sucedió el imperio romano, convirtiendo el país en una provincia más.

Venga nenes y nenas, mañana más historia. Pues dos de estos pueblos, los asiáticos y los nubios, aparecen reflejados en los grabados de los templos de Abu Simbel, en la entrada, así que es bueno saber qué estamos viendo y porqué. Pero no hay que olvidar el templo que se encuentra a su lado, menor en tamaño, pero no menor en belleza: el templo de Hathor, un edificio construido también por Ramsés II, para su amada esposa Nefertari. Y en frente, el Nilo. Casi ná.

El interior del templo de Abú Simbel está lleno de hermosos jeroglíficos con escenas de la vida de Ramsés II, sobre todo de la batalla de Qadesh, el acontecimiento bélico más notorio en el amplio reinado de Ramsés II. Pero una de las características más importantes del templo es que el sol ilumina el rostro de Ramsés II, en el interior, los días 21 de Febrero y de Octubre, fechas de su cumpleaños y coronación (bueno, actualmente, debido al traslado del templo, este fenómeno se desplazó un día). También leí que este efecto continúa, iluminando tres de las cuatro figuras que se encuentran en el sanctasantorum, al final del templo. ¿Sabeis cuál es la que no se alumbra?, la de Seth, dios de las tinieblas, aunque esto aun no lo tengo confirmado.


Es genial estar aquí, me parece mentira... ¡joé, que es Abu Simbel! ¡ná má y ná meno! Al menos para mí es un sitio impresionante, un lugar especial, donde se ha realizado una de las obras más fascinantes: los templos fueron desmontados, desplazados pieza a pieza y vueltos a montar (por la construcción de la presa de Aswan). Un enorme proyecto de la UNESCO (detrás del templo hay una puerta por la que se accede a un museo que cuenta esta fascinante obra) en el que participó también España. Por ello, como agradecimiento, Egipto regaló el templo de Debod, que actualmente se encuentra en Madrid.

De vuelta al convoy, de vuelta a dormir otras cuatro horitas, y de vuelta al barco y ¡al fin esto se mueve! Ya vamos navegando con rumbo hacia el Norte.

1 comentarios:

Ricardo Cabrera Cosano dijo...

FELIZ 2009, COLEGA!!!

Pedazo de viaje que te has pegado, mamón... Que suerte tienes!!!!

Un abrazo, Indy!! ;P