miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cuaderno de viaje: Egipto 21/12/2008

Día 3 (parte 3). Al otro extremo de la avenida.

Siguiendo la (ahora incompleta) avenida de carneros y esfinges llegamos al templo de Luxor, un lugar especial al tener en su interior templos de los tres cultos que han habido en el país: el del antiguo Egipto, el musulmán y el cristiano. Sí, cristiano. A ver, un poco de Historia.

Miles de años atrás por aquí andaban los egipcios con sus dioses. Luego llegaron los griegos, ya sabeis, Alejandro Magno y tal, dejando a Ptolomeo como faraón y asimilando culto y costumbres egipcias, como igual ocurrió con la llegada de los romanos, en lo que se considera el periodo grecorromano. Pero con la conversión del emperador romano Constantino al cristianismo, se extiende dicho culto también por Egipto. Y ya, finalmente, llegaron los musulmanes. Así, actualmente en torno al 90% de la población es musulmana, mientras que el 10% es cristiana ortodoxa (los llamados coptos), además de otras minorías. De este modo se puede decir que los verdaderos descendientes de los antiguos egipcios son realmente los coptos.

Frente al pilono de entrada tras la avenida de esfinges vemos un obelisco sin pareja (que no guarda esa característica simetría). Es éste que falta el famoso obelisco de la Plaza de la Concordia, en París. Y nos vamos adentrando entre la piedra iluminada en la noche, donde los bajorelieves tienen más que contar, en su juego de luces y sombras.

Es curioso que todas las estatuas de pie tienen adelantada la pierna izquierda ¿porqué?... bueno, ¿en qué lado está el corazón? Pues eso. Se trata de reflejar de ese modo un último aliento de vida. Además, todos tienen en las manos el sello del faraón, bien apretado para así mostrar mejor los músculos del brazo, como símbolo de fuerza. Por otro lado, se ve cómo en las estatuas sedentes el faraón posa las palmas de sus manos abiertas, relajadas, sobre sus piernas, a modo de tranquilidad por su buen gobierno.

Tras el patio de Ramses II nos encontramos uno de los muchos detalles que los sacerdotes tuvieron con el joven Tutankamón por volver al antiguo régimen multiteísta. Lo comento brevemente: Su predecesor, Amenophis IV, más conocido como Akenaton o "el faraón hereje", instauró un régimen monoteísta en el que sólo existía el dios Sol (Aton) y su única representación era la de los rayos del sol. Esto se reflejó en el arte más realista y menos idealista, que muestra figuras casi deformes, probablemente debido a una enfermedad genética, por la consanguineidad en los casamientos, sumado a la imposibilidad de mentir incluso en el arte. Pero además, sin dioses (o imágenes) a las que ofrecer ofrendas... vamos, que los sacerdotes vieron como se cerraba el grifo. Cuando Tutankaton pasó a ser Tutankamon y el regimen antiguo fue instaurado, los sacerdotes mostraron su agradecimiento (por ello la riqueza de la tumba de este faraón tan joven) para demostrar el poder del antiguo culto.


Tras las columnas de Tutankamón se encuentra una mezquita y al final del todo, restos de unos frescos de los apóstoles que indican que fue usado como capilla cristiana. El contraste es increíble. Pero ¿como es esto así? Pues resulta que en la época en la que Egipto era una provincia romana, en los orígenes del cristianismo, éste era perseguido; así que estos primeros creyentes aprovecharon los templos egipcios, que ya no se usaban.

Y a la vuelta al barco, un par de horitas para comer, descansar y luego salir en calesas aquellos que quisieran... Nosotros, evidentemente, quisimos. A ver por donde sale esto.