Día 4. Tercera parte: Gante.Autopista y tiramillas a
Gante ¡qué recuerdos! Uno de mis mejores viajes (
Escocia'08 y Gante'07, los mejores). Sigo haciendo de guía, y Jose va al volante, y por ahora no vamos mal, aunque en la autopista de Brujas a Gante descubrimos que los domingos en Bélgica también hay "vuelta a casa", pues el tráfico anda algo colapsado.

Cincuenta kilómetros después llegamos a la ciudad cuando el atardecer jugaba con las luces anaranjadas en el cielo, escondiéndose entre las nubes de la noche que llegaba. Pasaremos aquí unas horas y cuando estemos cansados iremos al aeropuerto de bruselas, a unos 45 minutos aprox. donde dejaremos el coche y dormiremos a lo pancho, pues no tenemos nada contratado allí. Total, para varias horas, ya nos apañaremos (
no va a ser la primera vez que duerma en un aeropuerto... y me da a mí que tampoco la última).

Tenemos un objetivo claro nada más llegar a Gante, la cervecería "De Bulle Griet". E
sta es una cervecería muy especial, donde tiene una gran variedad de cerveza belga... uf, qué frase más bonita esta: "gran variedad de cerveza belga". Además, tienen una cerveza especial con una tradición muy curiosa, pero deberás ir allí para saber de qué se trata, o invitarme a una cerveza para que te lo cuente, jeje. Hemos decidido dejar el coche en un parking, por aquello de que va cargadito de maletas y mochilas, y ya miré por internet uno que se encuentra justo en la plaza Vrijdagsmarkt (custodiada por la estatua de Jacob van Artevelde, uno de los más importantes partícipes de la historia de la ciudad, y por ende, del país), que es donde se encuentra la cervecería en cuestión. Importante: si vas, pide la cerveza super-kwak.¡Nooo! ¡Mierda, está cerrada! Otra cosa que, de nuevo, me quedo con las ganas. Pues nada, a buscar otro sitio entonces.

El centro de gante es característico por tres grandes torres, a cada cual más hermosa, y tan bellas como impresionantes, que con la noche se visten de colores, cada una de estilo propio. Nos rodean además edificios del característico estilo flamenco, techos apuntando al cielo, que dan a grandes plazas y puentes sobre los que riega de vida a la ciudad los canales de Gante. Es precisamente en este lugar donde los ciudadanos y turistas se mezclan, y en torno a las seis o siete de la tarde se anima la calle y el canal para disfrutar de las últimas horas de sol y de las típicas fries belgas, gofres, helados, cervezas (como no) o algún que otro emparedado (vale, sandwich) y bocadillo que haga ya de cena. Es genial.

Nosotros, eso sí, llegamos ya cuando es la calma la que inunda esta animada ciudad, y tras impresionarnos con su magia nos envuelve del frío de la noche, así que buscamos un sitio donde resguardarnos.
Vimos un par de ellos, un local llamado The Hot Club, que se encuentra escondido tras unas luces de neón rojizas, al fondo de un pasillo estrecho y de paredes desconchadas, con un viejo cartel de madera, que da la impresión de ser otra cosa, sí, lo sé, pero es un club de jazz que me recomendó Diana. El problema es que yo no lo ví, porque enfrente había una pequeña tabernita muy cutre, con una oscura iluminación en su interior, mesas viejas de madera, azulejos de la abuela, troncos por vigas... estaba genial. Y no tenían Jupiler, una de las cervezas más populares de Bélgica, pero tenían Primus, que es mejor, juas juas juas.

Y así acabamos en esta cervecería cutre, esta vieja taberna, llamada Het Galgenhuisje, donde pusimos una guinda realmente de lujo al pastel de nuestro viaje por los países bajos. Allí estuvimos bebiendo cerveza belga hasta que casi nos echaron. Ya sabéis, cerrando círculos y cerrando bares. :)
P.D.: De nuestro final de viaje, pues como colofón resultó que al haber bebido tanto, decidimos no coger el coche esa noche para ir al aeropuerto de Bruselas, así que nos uedamos los cinco en la Touran a dormir unas cuatro horitas, y cuando estábamos más despejados... estooo... bueno, no conseguimos estar más despejados, pero sí con menos alcohol en sangre, pues entonces nos fuimos ya al aeropuerto, que si suelta el coche, que si check-in, que si avión (durmiendo, por supuesto), y al llegar a casa a hacer salmorejo, que con el calor que hace, pega. Y saborearlo, ya descansando mientras saboreas los recuerdos del viaje.
Leyenda de colores:
-guía de viaje-
1 comentarios:
Siento desvelar la tradición, pero creo que estuve hace un par de días en el bar que mencionas, o si no en uno del estilo (en Gante otra cosa no, pero bares hay unos cuantos (por esquina, claro...)).
La tradición en cuestión, es dejar tu zapato al camarero para que te lo cuelgue en el techo. De este modo se aseguran de darle un olorcito bastante acogedor al local, y sobre todo, evitar que el vaso abandone el bar sin quedar el "malhechor" en cuestión impune. =)
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