sábado, 15 de agosto de 2009

Cuaderno de Viaje: Descenso Internacional del Sella 2009 (Asturias)

Parte 3. Covadonga y bufones de Prías.


Para compensar agua con tierra, pretendemos hacer algo de senderismo, y qué mejor lugar, o al menos más bonito, que los Lagos de Covadonga. El inconveniente es que el día amaneció nublado, con un aguaje a lo bestia (en mi pueblo aguaje es el rocío de la mañana), y no podríamos disfrutarlo al 100%.


Llegamos al Santuario de Covadonga, un lugar precioso, dedicado a Don Pelayo. Según cuentan las crónicas cristianas, los moros aquí recibieron una primera gran derrota, de manos de Don Pelayo y su gente, que consiguieron parar el avance musulman, y con ello comenzó la reconquista... todo muy a lo grande. Pero hay otra historia. Hace un tiempo se descubrió, como suele ocurrir, casi de casualidad, unos escritos que reflejaban los partes diarios del ejército musulmán. En éste cuentan como un incidente sin importancia aquel en el que una avanzadilla mora se topó con cierta resistencia que les tiraron piedras y les hicieron retroceder. Ya está, eso es todo. Esa es la otra versión de tan "gran hazaña". Increíble, ¿verdad? De todas formas supongo que a raíz de una serie de revueltas sí comenzó la reconquista. Vamos, lo históricamente lógico. (De todas formas me gustaría corroborar esta historia, así que si alguien conoce algo al respecto... que me ilustre).


Algunos de nosotros, ya haciendo la ruta por los lagos, tuvo sus más y sus menos con las vacas. No es que quisieran leche... tan sólo acercarse, pero parece ser que una vaca miró con mal ojo a Jose Antonio y decidió envestirle, para descojone nuestro, por supuesto.


Por cierto, los lagos de Covadonga son preciosos aun cuando no se ven. Comimos allí mismo, bastante bien, sobre todo Antonio, que al fin probó las fabes que tanto deseaba (y con las que tanto dio durante el viaje).


Ah, paramos también, ya a la vuelta, en Cangas de Onís, donde hay un bonito puente de piedra, un puente romano altísimo, con la cruz y el alfa y omega, símbolos tan asturianos.


Decidimos rematar el día yendo a un pueblo cuyo nombre no recuerdo, porque aquí algunos pueblos son de diez o doce casas, y mezclados entre ellos. El lugar era precioso, y recuerdo algunos nombres: había una playa, la playa de Guadalmía, y algo más allá, unos acantilados, donde el cantábrico descarga su ira con fuerza y belleza. Y en éstos acantilados se encuentran los Bufones de Prías. Éstos son unos agujeros en la tierra, sobre los acantilados, que se comunican con la parte baja de los mismos, de modo que cuando la ola rompía allá abajo, la presión hacía que por los bufones saliera con fiereza aire caliente, húmedo, embravecido y con estruendo... y si la marea está alta y hay suficiente presión, al parecer salen hasta géiseres. Si pudiera describirlo mejor, lo haría, pero tan sólo puedo decir que eran impresionantes y que son un lugar de parada obligado para el visitante.


Y aun nos quedaban más sorpresas. Decidimos parar en un bar, donde nos encontraríamos con Olga y Antonio, dos encantadores amigos de Jose Antonio. El bar, de lo más cutre, una tasquita de pueblo, con los vejetes y lugareños bebiendo vino y sidra, y jugando al dominó. Este tipo de bares en verdad me encantan, auténticos y enriquecedores. Pero mejor aun, pues tenía un gran patio verde con unos bancos y mesas de madera, y en una esquina preparaban una barbacoa y una fiesta. Y empezaron a llegar gente y algarabía, y mientras bebíamos sidra, entre una húmeda bruma, llegaba un gaitero para sumarse a la fiesta. Fue todo genial y asturiano 100%. Fantástico. Pero estábamos cansados y decidimos volver pronto. Además, si queríamos entrar en el camping con los coches, debíamos hacerlo antes de las 12 de la noche.

Cuaderno de Viaje: Descenso Internacional del Sella 2009 (Asturias)

Parte 2. Primera mojada.


¡Ya empezamos a levantarnos temprano! Debemos movilizarnos para hacer el descenso del Sella, pero en plan tranquilo (el día grande es el sábado, no hoy). Buscamos un sitio para bajar las piraguas al río mientras algunos llevan la furgo a Rivadesella, donde tenemos planeado acabar. Todos los días suelen bajar cientos de piragüistas eventuales, gente que simplemente alquila una piragua por un día (unos 25 €) para pasar un día grato. Son piraguas a las que llamamos ballenatos, por lo grande que son (son para dos personas), para que no vuelquen... aunque eso de que no vuelcan... habrá que verlo (ya nos encargamos nosotros de hacer un poco el cafre). Así que cuando bajamos nos encontramos con enormes barcos por todos lados, tan torpes como divertidos, sobre todo para nosotros que, con piraguas de aguas bravas, vamos sobrados de movilidad.


¿Qué ocurre? pues que te hartas de reír viendo como se chocan entre ellos y como hasta vuelcan. Ellos, por supuesto, también se ríen, que para eso están ahí. Recuerdo en una estrechez del río, con una corriente algo más rápida, que Sergio se me adelantó y colocó su piragua frente a la mía en perpendicular, gritando: ¡Tapón!, taponándonos a mí, algunos de mis compañeros, y una pechá de gente que llegaba desde atrás. O cuando mientras jugábamos por un rápido, junto a una roca, llegó una de estas piraguas-ballena que se subió a la roca y casi dio con el casco sobre la cabeza de Salva, que la esquivó, y entonces llegó otra atacando de nuevo a Salva... y otra y otra más y luego otra... y se lió parda.


Incluso en una ocasión Sergio y yo nos quedamos simplemente viendo como todos se caían en una pequeña cascada: -¡mira, ese tiene buena pinta...!- ¡zas, y al agua! A algunos le ayudábamos, porque los pobres...


Total, mucho juego y diversión que acabó a 5 kilómetros de Rivadesella (la meta oficial), en la parada de Llovio, tras más de 5 horas y media. Yo al menos ni me acordé de comer, ni de beber.


Así acabamos, reventaítos. Nos hicimos algo de comer en el camping y compramos algo para hacer una barbacoa por la noche. Resulta que para el viaje habíamos comprado chorizo, así nos garantizábamos bocadillos, pero estábamos ya hasta los mismísimos de tanto chorizo... cuando Antonio pidió al carnicero chorizo, casi le matamos con la mirada. La cena, genial, en un parquecito fantástico que teníamos al lado, con barbacoas y bancos de madera. Unas carnes a la brasa y unos cubatitas relajados al final para al fin dormir y descansar.


Cuaderno de Viaje: Descenso Internacional del Sella 2009 (Asturias)

Parte 1. Llegada.


Dos meses atrás surgió la idea. No sé muy bien cómo, pero supongo que tomando cervezas en "la chapa", como llamamos al bar sobre el río, donde nos reponemos cada día del piragüismo. Fijamos nuestro objetivo para el pasado 8 de Agosto: El Descenso Internacional del Sella. Más de 20 nacionalidades y en torno a unos 1000 participantes con dorsal, y otro tanto en plan de guasa y de fiesta, la asturiana fiesta de las piraguas, en su 73 edición.


Al fin, tras algunos escollos, el lunes 3 de Agosto alquilamos una furgo, cargamos material, y subimos al norte, 12 horas de nocturno viaje que nos esperaban, sin mapa. Total, mucha pérdida tampoco tendría ¿no? si es todo hacia arriba. Pues perdernos no, aunque a algunos confundieran "luces de colores" con gasolineras. Muchos cafés, relevos en la conducción, mucha charla y risas, por supuesto, incluso algún susto que le dimos a la guardia civil (en lugar de ellos a nosotros).



Así llegamos el martes temprano a Arriondas (Asturias), punto de salida de la regata, a nuestro camping, que aun estaba tranquilo... días más tarde llegaría gente de todas partes de España e incluso de distintos países (hasta unos amigos argentinos, que conocimos en Sevilla, y con los que llegamos a coincidir el día grande). Montamos un chiringuito con las tiendas y una carpa donde cada barra de soporte estaba entablillada con palos y cinta americana. Por suerte el lobo feroz no estaba cerca, porque la habría caído con un suave soplido. Por lo demás, el camping, llamado La Chalana, estaba genial. Buenas duchas y servicios, sitio tranquilo, bien situado (aunque claro, con lo pequeño que era el pueblo, no era difícil) y bien de precio.